relats i descripcions

Aire de libertad

Aunque ya había salido a dar una vuelta varias veces durante la etapa de aislamiento, ese día una sensación diferente reinaba en las calles de su ciudad. La noche anterior se habían cumplido los requisitos necesarios para terminar definitivamente con el confinamiento de la población y, por tanto, volver a la normalidad de una vez por todas. No era la única que recordaba los días anteriores al virus con nostalgia, o que pensaba que tendría que haber valorado esa libertad completa antes de que se la arrebatasen tan repentinamente. Los edificios eran los mismos, las calles, las tiendas, los pájaros. Pero había algo en el aire, que cuando se respiraba, uno se relajaba y cerraba los ojos de alivio, al pensar que ahora se le iba a devolver eso tan esencial y que tanto echaba en falta, algo que no volvería a dar por hecho en mucho tiempo.

Gemma Farreny

Un bitllet de tren

Sovint somio, penso.

On és un lloc llunyà i desconegut? Vaig rebre una carta sense remitent i, en obrir-la, vaig veure que era un bitllet de tren. Es tractava d’un tren no codificat, que té una aparença diferent de l’habitual.

Vaig passar un poble i vaig sentir Beethoven jugar. Al cap d’uns minuts, la gent del tren va baixar, i algunes persones van pujar. El tren mai em va dir  la següent parada. Vaig mirar per la finestra, en aquest moment vaig veure el riu Yangtze. Després, va arribar un enorme desert amb una piràmide a la distància. Vaig treure el sobre altra vegada i hi vaig trobar un poema. Amb la brisa i el temps, el llegeixo una i altra vegada. Inconscientment, mai vaig tornar al lloc original. Els paisatges són fugaços en aquest tren anomenat vida.

Riu Liu

Sortida pandèmica

Ja fa un any des que van decretar el primer estat d’alarma i, per evitar riscos, jo m’he mantingut completament a ratlla del món exterior durant molt de temps. Just ahir, però, van decretar el final de l’estat d’alarma, i la curiositat de sortir al carrer m’ha pogut.

Abans d’obrir la porta, mascareta i guants, per si les mosques. Només sortir, el sol m’enlluerna la cara i, de fet, he d’esperar uns minuts que els meus ulls s’acostumin. Començo a caminar, però veure els carrers buits fa que em senti com en una pel·lícula de terror. Al cap de cinc minuts, veig un home que, tot protegit, passeja el seu gos. Va vestit com un d’aquells que es dediquen a desinfectar. L’home, en veure’m, s’aparta i em mira amb desconfiança.

Mentre segueixo caminant, vaig pensant. Intento ser positiu però, desgraciadament, el que veig és molt depriment.  M’hauré d’acostumar perquè, després d’això, res tornarà a la normalitat.

Bruno Andrés

Tancats

Ha passat tant de temps! ja ni me’n recordo de la sensació de córrer, de riure, de viure… Ja no hi ha govern que ens prohibeixi sortir al carrer ni que vetlli per la nostra seguretat, no van poder aguantar-ho, després de tantes critiques i tantes morts.

L’anarquia ha inundat les ciutats, alguns supervivents de la pandèmia vaguen pels carrers cometen delictes sense escrúpols, busquen les restes de memòries perdudes entre les ruïnes, es dirigeixen als hospitals abandonats completament destruïts i aïllats per tal de trobar els seus éssers estimats o millor dit les seves restes,  altres han assumit la seva soledat i es troben en la situació d’escollir, rendir-se o sobreviure i d’altres com jo ens quedem tancats al nostre búnquer on ningú se’n refia de ningú.

Cristina Asensio

La primera sortida

Ja feia un any que estava aïllat a casa, el meu pare em va deixar sol, va dir que sortiria un moment per veure com estava la situació a fora, amb l’esperança que quedés algú amb vida. No va tornar i em vaig cansar d’esperar, per tant, em vaig disposar a sortir.

Vaig començar a passejar pels carrers del poble, atemorit perquè estaven totalment desèrtics. No estava convençut d’aconseguir trobar al meu pare però sí sabia que necessitava aliments i quan vaig entrar a un supermercat, uns homes em van donar un cop al cap i em van lligar a una cadira. Pensava que ells em matarien però de sobte uns senyors encaputxats em van salvar.

Em van dir que em portarien a un lloc segur i uns segons després estava dins de la seva furgoneta, resant perquè allà on em portessin estigués el meu pare esperant-me.

Pol Gasull

¿Quién soy?

Observo escondido a la vista de todos, me paseo deseoso de encontrar compañía y me lamento en secreto de mi soledad. En las calles desiertas y devastadas, en las cuales antes dominaba, la imagen de las invisibles manos que ahogan hasta la muerte lenta y dolorosa viene a mí con nostalgia. Veo a una persona en la lejanía; ya he encontrado lo que buscaba. Mi instinto me corrompe y me apego a ella. Poco a poco nota el efecto de mi presencia: cada día más débil, cada día más afligida. Segundos antes de su muerte le susurro: “Mi inclusión en ti es mi regalo de bienvenida; y la muerte, el de despedida”.

Irene Requero

La nueva tierra de las oportunidades

Después de 10 años luchando contra este virus mortal solo 10.000 españoles lograron salir adelante. España se encontraba vacía, las calles desiertas, solo quedaba la fe de llegar a la nueva tierra de las oportunidades: Francia. Los rumores corrían de comunidad en comunidad y este fue el más famoso.Se decía que el estado francés había logrado combatir el Covid-19. Nadie podía creerlo, pero en situaciones desesperadas solo quedaba la esperanza. Toda España emprendió camino a Francia, pensando que encontrarían un hogar, una vida donde empezar de nuevo. Pero cuando por fin pisaron tierra extranjera, todas sus esperanzas murieron. El estado francés se encontraba bajo una fuerte dictadura, donde la clase obrera era obligada a trabajar. Durante la llegada de los españoles, falleció el presidente de la república Emmanuel Macron. Dos días después, su hermano, Laurent Macron, dio un golpe de estado declarando así un régimen totalitario.

Carla Expósito

Volvemos a la normalidad

Enero de 2021 a las 10 de la mañana. Hoy es el primer día de normalidad total, los bares abiertos, los teatros accesibles, la vacuna finalmente activa, etc. En la calle, todo sigue igual que como lo dejamos en marzo de 2020, una normalidad temida por mí, el peor de nuestros enemigos ha vuelto a sus andadas, y no piensa cambiar en nada. Es muy triste que tengamos que pasar por una pandemia para cambiar, pero peor es lo que me encuentro, tal desgracia no nos ha servido de nada. Seguimos consumiendo carne de supermercado por doquier y comprando masivamente en tiendas que producen en países subdesarrollados. Los negocios familiares están, en su mayoría, cerrados y hay unas colas del paro que parecen las de las rebajas de El Corte Inglés. Sorprendentemente, los responsables de esta mala gestión siguen en su cargo. En definitiva, veo lo mismo de siempre, volvemos a la normalidad.

Pol Vinós

Naturaleza

Cuando todo empezó solo tenía diecisiete años. Ahora ya tengo veintisiete y hace diez años que ningún humano sale a la calle. La situación dio un giro inesperado y todo empeoró. Hoy ha llegado a su fin la supuesta cuarentena que tanto tiempo ha durado y por fin volveré a ver el cielo pero no a través de un cristal.

Abrí la puerta de la entrada del piso y la luz del exterior era diferente de cómo la recordaba. Entonces di un paso y se me inundó el pie en agua. En ese momento no le di importancia, moví la cabeza de un lado a otro intentando asimilar el cambio. El agua del mar había inundado las ciudades y las plantas y árboles habían crecido como si fuera la jungla. Toda la ciudad estaba cubierta por una capa de plantas desconocidas que casi no dejaban pasar la luz natural. Era como un invernadero pero con un cambio de roles, ahora la naturaleza dominaba a los humanos. Fui hasta la calle siguiente y me quedé paralizada. Los animales lo habían ocupado todo. Y no me refiero a los insectos sino a todo tipo de animal de tamaños diferentes, tanto domésticos como salvajes. Todo era una locura y las personas no estaban a salvo con todo eso allí fuera. Teníamos que retomar el control de todo.

Gemma Goitia

El mundo después de la catástrofe

Cuando la cuarentena terminó el mundo entero había cambiado. Cientos de miles de personas, después de meses y meses de confinamiento, salían a la calle de nuevo de manera progresiva, pero, igualmente, demasiado rápida para volver a acostumbrarse a la vida antes del desastre.

Cuando abrí la puerta de mi casa noté que algo había cambiado, el ambiente que se respiraba era frío, pese a ser verano. La poca gente que había en la calle, toda con el uniforme anticontagios (guantes y mascarilla), tenía miedo. Ya no existía el típico bullicio al que estaba acostumbrado cuando salía de mi casa.

Estéticamente, mi ciudad también había cambiado, las calles estaban más limpias, todo se veía más despejado, pero con menos vida. Se podían ver las persianas bajadas de decenas de bares y pequeños comercios que daban vida a la ciudad y que, por desgracia, se vieron condenados a cerrar para siempre. 

La economía mundial se había desplomado, pero como siempre, los que de verdad lo iban a notar eran las personas y las empresas con menos recursos.

Edgar Álvarez

Aniquilación

Hace 20 años los gobiernos de todo el mundo obligaron a la población a encerrarse en casa. Al principio fueron los militares quienes nos traían alimentos, pero estos se fueron agotando, y conforme pasaba el tiempo, cada vez se hacía más peligroso salir al exterior. Muchos lo intentaron, pero la desesperación los llevó a cavar su propia tumba: si no morían por La Enfermedad, algo se los llevaba y no regresaban jamás. 

Me crie con estas historias, porque los cuentos de hadas ya nada tenían que ver con la realidad. Hoy cumplo 21 años y voy a hacer mi primera incursión al exterior, llevo preparándome para este momento desde que mi hermano desapareció hace 6 años con todo su equipo de paramilitares. 

No espero encontrarlo y tampoco espero volver, pero ya no me queda nada, y debo encontrar una forma de salvar a la humanidad, antes de que se produzca la mayor aniquilación de la historia.

Edurne Araunabeña

El món devastat

Avui, després d’uns mesos eterns, per fi puc sortir a respirar l’aire pur i veure la llum del sol. Surto per la porta a tota pressa, saltant i ballant com si no hi hagués un demà, però els meus ulls es topen amb la realitat, un món totalment diferent.

No ha hi gent, no hi ha cotxes, no hi ha cap tipus de senyal de vida, jo que m’havia estat imaginant la sortida com quan són les rebaixes, tots amuntegats. Començo a passejar, intentant trobar algú, però només em trobo amb carrers plens de brossa, amb rates mossegant els últims ossos de pollastre.

Em pregunto on serà tota la població, potser han marxat a veure els seus familiars, ja que no se m’acut cap altra idea possible. Decideixo tornar a casa, la realitat m’ha colpejat a la cara, soc l’última persona viva.

Lorena Giménez

El héroe menos esperado

La pandemia fue a peor. Aquel virus visto en España por primera vez en el año 2020 no ha dejado de evolucionar hasta hoy, 30 de diciembre de 2034. Se volvió imparable, mataba a todo el que intentaba contenerlo para estudiarlo. Era capaz de resistir extremas temperaturas, inmune a cualquier medicamento y capaz de infectar y matar a su antojo. El coronavirus está a punto de erradicar a toda la humanidad. Solo resiste aquel que se preparó a tiempo con alguna medida extrema como un bunker con provisiones para décadas. Los tacharon de locos los que ahora están muertos. La humanidad mira a su extinción a la cara.

Se acerca el año nuevo y puede que sea el ultimo que vea el ser humano. De repente, una tormenta solar crea una perturbación temporal de la magnetosfera,tan poderosa que, por un momento, deja entrar a la esfera terrestre una cantidad abusiva de rayos uva que desintegran a todo ser vivo en la superficie, esterilizando la tierra por completo. Los humanos, perplejos por la situación que ha sacudido al mundo, salen a la superficie. Se dan cuenta de que han sobrevivido todos los animales acuáticos y las plantas, creando un lugar perfecto para el resurgimiento de la humanidad.

Antonio Asensio

El poder del miedo

Caminaba por la Gran Vía. Era un día soleado pero eso ya no se podía percibir. Se respiraba mucho pesimismo, demasiado apagados nos habíamos vuelto. Y aunque parezca una paradoja, había cogido la triste costumbre de escuchar el silencio. Podía hasta escuchar el sonido de mis zapatos tocando el suelo. Todo el mundo se había marchado a vivir al campo. Era curioso: hace años era el éxodo rural y ahora era a la inversa, todos querían evitar infectarse. En realidad, todos estábamos infectados, pero del miedo, y eso es mucho más contagioso.

Seguí paseando hasta que llegué a un parque con árboles, sobre sus ramas se posaban pájaros y ahora su cantar se oía más que nunca, pues no había vehículos apenas en la carretera que estorbasen esa maravillosa melodía. En una esquina, había un bar. Se hallaba vacío, casi en la ruina porque todo el mundo quería evitar el contacto. Entré y me tomé un café. Ahora los vasos eran de usar y tirar. Me quedé mirando la televisión que había en la que no hacía mucho se reproducían los partidos de fútbol que causaban tanto revuelo. Me quedé pensando. Todo había cambiado en un abrir y cerrar de ojos.

Alexandra Sorribas

Secuelas de la pandemia

Un mundo lúgubre es al que debemos enfrentarnos. Los hay que lo afrontan asimilando la catástrofe, los que nos han dejado y otros que aún se agarran a un clavo ardiente creyéndose esa mentira tan común: “todo va a salir bien”, si es que les queda voz para expulsar esas palabras vacías de ánimo, para convencerse de que no viven en esta fría realidad de este mundo en crisis que ha perdido a muchos de sus habitantes.

Las pesadillas pueden hacerse realidad y no las detendrás solo pellizcándote; para detener este sueño, sólo podemos mirar hacia cómo lograr un futuro para los que están por venir y para los que están, pese a que los buenos días hayan perdido su sentido, o te corrompa el pensamiento de aquel mundo que se desvaneció entre nuestras manos sin poder hacer nada.

Las calles que anhelaba transitar no se asemejan a las de antes. Es nuestro turno de cambiar las cosas.

Àlex Marín

El confinamiento ha acabado

El confinamiento ha terminado y en apariencia todo sigue igual que ese lejano 12 de marzo, el día en el que, tras la vuelta del instituto, entramos en casa y ya no volvimos a salir… hasta el día de hoy.

Hoy mis amigos me han contado lo que han hecho durante estos últimos meses, en los que, a diferencia de los primeros, apenas hemos tenido contacto. Todo parece lo mismo, incluso las personas. Pero esta mañana me he encontrado a un hombre en la calle, con apariencia de no haber tocado el agua en meses, que me ha empezado a gritar: “¡Quédate en casa! ¡El mundo ha cambiado!”. Y, efectivamente, muchos oficios ya no existen, todo es a distancia y la sociedad no le da importancia a las relaciones personales. La sociedad ahora es fría como el hielo, los sentimientos parecen haberse quedado en ese 12 de… ese 12 de… Todas esas horas de trabajo, todas esas risas, todas esas alegrías, todos esos abrazos… ¿eran tan solo un sueño?

Maria Gaya

Una penombra vermella

Una penombra pesava sobre els carrers. La incertesa era present en cadascun dels vianants i el cel gris en ple maig del dos mil vint-i-set no aixecava gaire els ànims.

La foscor dels carrers es veia trencada per uns cartells vermells estranys amb la falç i el martell, de simbologia comunista. Seguint pels carrerons i avingudes anàvem a parar a l’ església romànica, al costat hi cercàvem l’ ajuntament, casa de la vila, caracteritzat per la seva façana blanca que ara es veia truncada per uns inacabables domassos de nou vermells amb simbologia comunista. Les banderes havien estat retirades i l’última que hi romania era la de la URSS.

Albert Urpí

Una nueva vida

Soy Alba Carré y tengo 28 años. Han pasado diez años desde que una crisis sanitaria obligó a la humanidad a cambiar su estilo de vida. La crisis sanitaria produjo una gran crisis económica nunca antes vista.

Estoy caminando por lo que antes debía ser una autopista ya que todo está inundado por la naturaleza.  Llevo horas caminando y aún no me he encontrado a nadie. Al parecer la mayoría de la gente falleció ya fuera por el Covid-19 o por la falta de recursos que vino después de él.

Un ruido llama mi atención. Me giro para ver qué es y compruebo que viene de tres niños pequeños de unos 8 años que se mueven en unos antiguos patinetes eléctricos pero muy cambiados. Se acercan a mí y me dicen que vaya con ellos.

Los sigo hasta llegar a un poblado a las afueras de la ciudad. Hay poca gente. Al parecer, ahora la sociedad convive en pequeños grupos cerca de ríos o cualquier fuente de suministro de agua. Los pocos supervivientes forman pequeñas colonias con tal de limitar la influencia del virus y se organizan de forma comunitaria.

Así fue como empecé mi nueva vida. 

Alba Carré

Nueva era

Vivimos en un mundo caracterizado por la soledad y la incertidumbre. Todo el mundo está en sus casas, con miedo a lo que pueda haber fuera, con miedo a la delincuencia que se ha desatado en las calles, donde debido al hambre y a la escasez de productos ha surgido una guerra entre clases. La policía emplea un papel inexistente y salir a la calle podría significar el final de una vida.

La naturaleza se ha apoderado de hasta las ciudades más pobladas del mundo. Alrededor de las ciudades hay extensiones amplias de fauna y flora. El mundo, desértico, vive una especie de apocalipsis. La población espera respuestas, pero los medios están bajo la influencia del gobierno. Nadie sabe nada. En unos años la gente comenzará a organizarse, a luchar por su nueva libertad, sin reglas, sin justicia, saliendo a la calle para sobrevivir.

Esta pandemia ha dado paso a una nueva era. 

Ferran Kaiser